La épica no solo se encuentra en los libros, en la música o en el deporte. La épica también existe a su manera, en la larga y tediosa vida de un mileurista, con un trabajo como la mayoría, que se levanta cada mañana para realizar la misma tarea cada día, que no tiene el último modelo de Mercedes y la cerveza es la única rubia de verdad que le hace compañía. Todo un elenco de perversiones para la diversión y el ánimo sino fuera porque el individuo también juega en la Churrería una vez a la semana.
Jamás marcará el gol de la final en el último minuto, ni levantará el trofeo que no sea a la deportividad, ni será Pichichi, ni Zamora, ni dedicará un gol a su última conquista, una modelo de revista australiana, de piernas largas e interminables…
Después de trabajar, se encaminará en su coche, camino de un pueblo anquilosado en lo rural, en un pabellón donde el frío cala en los huesos, el agua congela después de las 22.30h lo poco que queda de atributos masculinos. Y después del sufrimiento, solo un refresco en buena compañía hace más llevadero la condena de una mentalidad ganadora, encerrada, atrapada y asfixiada en un cuerpo de perdedor.
Os presento a Churrero, un hombre mediocre, sin más que ganar que lo que el azar le quiera entregar.
Pero Churrero no desiste, lleva cuatro años sin bajar la cabeza, masoquista en cierto grado, y soñador sin igual, aun piensa que lo puede hacer mejor. Piensa que un catorce cero no es sino un traspiés. Que jamás se consiguieron las metas a la primera. Y Churrero sigue luchando, sigue teniendo fé en un dios esférico y caprichoso que parece bailar sólo al son que marca el rival.
Este amigo, incomprendido por la mayoría, no ceja en el empeño, de buscar la senda de la victoria, de competir por una vía de escape a la niebla, y tener alguna disculpa de peso para esa noche dormir acompañado de seis o siete rubias, estrellas casi todas, y de Galicia por supuesto. Algo que celebrar.
Hace poco tiempo volvió a retomar el camino, mentalizado que tarde o temprano los resultados llegarían, y parece que no desentona, la primera escena deparó un final ajustado, quizás la experiencia o su inercia a la derrota fueron determinantes, pero entre escena y escena hay tiempo para retomar aire, y llenarse de ilusión de nuevo, y esta vez sucedió, ganó no porque fuese mejor, ni por suerte, simplemente ganó porque era lo que debía hacer.
Ha llegado el momento de que Churrero afronte su gran acto hasta el momento, la confirmación de que el escenario es suyo, y que ya no dudará, que se puede enfrentar a cualquiera, y salir victorioso, ha llegado el momento simplemente de volver a ganar, y demostrar que lo mediocre no es la cuestión, sino la actitud y la decisión.
Es el instante de continuar con la fiesta, mentalidad, presión, intensidad y decisión. Solo vale ganar, también vale, ganar…si no se consigue…unión y constancia.
Jueves es el día de la confirmación, demostrar que hemos cambiado. Es hora de cambiar la pasión por gloria, demos paso a la épica amigos.
Jamás marcará el gol de la final en el último minuto, ni levantará el trofeo que no sea a la deportividad, ni será Pichichi, ni Zamora, ni dedicará un gol a su última conquista, una modelo de revista australiana, de piernas largas e interminables…
Después de trabajar, se encaminará en su coche, camino de un pueblo anquilosado en lo rural, en un pabellón donde el frío cala en los huesos, el agua congela después de las 22.30h lo poco que queda de atributos masculinos. Y después del sufrimiento, solo un refresco en buena compañía hace más llevadero la condena de una mentalidad ganadora, encerrada, atrapada y asfixiada en un cuerpo de perdedor.
Os presento a Churrero, un hombre mediocre, sin más que ganar que lo que el azar le quiera entregar.
Pero Churrero no desiste, lleva cuatro años sin bajar la cabeza, masoquista en cierto grado, y soñador sin igual, aun piensa que lo puede hacer mejor. Piensa que un catorce cero no es sino un traspiés. Que jamás se consiguieron las metas a la primera. Y Churrero sigue luchando, sigue teniendo fé en un dios esférico y caprichoso que parece bailar sólo al son que marca el rival.
Este amigo, incomprendido por la mayoría, no ceja en el empeño, de buscar la senda de la victoria, de competir por una vía de escape a la niebla, y tener alguna disculpa de peso para esa noche dormir acompañado de seis o siete rubias, estrellas casi todas, y de Galicia por supuesto. Algo que celebrar.
Hace poco tiempo volvió a retomar el camino, mentalizado que tarde o temprano los resultados llegarían, y parece que no desentona, la primera escena deparó un final ajustado, quizás la experiencia o su inercia a la derrota fueron determinantes, pero entre escena y escena hay tiempo para retomar aire, y llenarse de ilusión de nuevo, y esta vez sucedió, ganó no porque fuese mejor, ni por suerte, simplemente ganó porque era lo que debía hacer.
Ha llegado el momento de que Churrero afronte su gran acto hasta el momento, la confirmación de que el escenario es suyo, y que ya no dudará, que se puede enfrentar a cualquiera, y salir victorioso, ha llegado el momento simplemente de volver a ganar, y demostrar que lo mediocre no es la cuestión, sino la actitud y la decisión.
Es el instante de continuar con la fiesta, mentalidad, presión, intensidad y decisión. Solo vale ganar, también vale, ganar…si no se consigue…unión y constancia.
Jueves es el día de la confirmación, demostrar que hemos cambiado. Es hora de cambiar la pasión por gloria, demos paso a la épica amigos.
Kisserman
3 comentarios:
Ser churrero es sin duda una filosofía de vida. El churrero es más bravo que William Wallace. Qué reto más grande hay en la vida que ser churrero?
Jajajaja y que pasa con lo de echar un partidito y divertirse ganando a poder ser?
El churrero común no puede divertirse, tiene que sufrir, y si acaba ganando es que algo ha salido mal.
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